Cuidadores de Personas Mayores Dependientes

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En el Libro Blanco de la Dependencia (IMSERSO, 2005a), se indica que las políticas públicas de España dan por sentado que son las familias las que deben proporcionar los cuidados personales a los miembros de su familia dependientes. Los mecanismos protectores dan muy poco – o nulo- soporte y prestaciones a las familias. Se estima que un 77.5% de los mayores que no residen en instituciones reciben un cuidado informal, es decir no profesional. Aunque la mayor parte de este cuidado informal viene de los familiares, también se incluyen en el cuidado no formal amigos de la familia, vecinos, etc. Sin contar con profesionales sanitarios

Aunque los familiares puedan rotarse por turnos, lo más común es que sea un solo familiar el que adopte el rol de cuidador oficial. Estos familiares acostumbran a ser mujeres, pudiendo ser la pareja del anciano dependiente (su mujer) o las hijas por desempeñar tradicionalmente roles de cuidado del hogar y de personas.

Estos cuidadores dedican un tiempo muy grande al cuidado de estas personas dependientes de forma que se ve afectada de manera significativa su vida personal. Ser cuidador es una tarea a largo plazo y que causa, en muchas ocasiones, estrés, ansiedad, bajo estado de ánimo o depresiones. Además, también pueden sufrir daños en su salud física, al tener que, por ejemplo, cargar con el peso del mayor dependiente. Los problemas más frecuentes en la salud física se dan en los huesos y músculos, pero también son frecuentes los cardiovasculares y las dificultades para dormir bien. La valoración subjetiva de su salud es peor que la de las personas no cuidadoras. La carga emocional que se asume con este rol es muy grande, ya que se trata de un familiar próximo y ver su deterioro nos afecta de manera personal.

Los cuidadores, muchas veces, se sienten quemados; Esto significa que se sienten fatigados, estresados, desgastados, insatisfechos, etc.. Para ellos cuidar del mayor dependiente es una obligación moral que a la vez afecta sobremanera en su vida personal y profesional.

Gran número de cuidadores informales sufren estrés crónico. El estrés aparece, además de por asumir las tareas propias del cuidado (y de la conducta del mayor además de la pérdida de algunas de sus funciones), por otros factores del contexto como la situación socioeconómica de la familia, las características personales del cuidador, la red familiar, los recursos de que se disponga, etc. En esta ecuación también intervienen los pensamiento subjetivos del cuidador y de cómo valora estos estresores. Así pues podemos encontrar estresores objetivos y subjetivos.

Es importante saber que si entrenamos para cambiar y mejorar nuestra valoración sobre la situación, podemos controlar mucho mejor el estrés.

Además del rol de cuidador, la persona que lo asume también tiene otros roles como puede ser el de padre o madre, esposa/o, el de trabajador, o su rol social. Lo que sucede en uno de estos roles afecta directamente a los demás roles que desempeña la persona porque son interdependientes. Esto puede conllevar, por ejemplo, incompatibilidades de horarios, problemas económicos, descuidar otras relaciones personales, etc.

Generalmente, los cuidadores dedican mucho menos tiempo para el ocio, ven afectada la organización de su vida familiar y laboral y también se han registrado problemas tanto con las parejas como con los hijos.

Para modular el estrés, entran en juego los recursos personales del cuidador. ¿De qué se tratan estos recursos? Entre ellos podemos encontrar las estrategias de afrontamiento -es decir, cómo afronta cada persona una situación que puede ser complicada, y qué recursos personales utiliza para salir airoso de ella-; y el apoyo social -que puede proporcionarle ayuda o comprensión-.

Por todos estos motivos, es interesante que el cuidador también reciba apoyo y ayuda profesional cualificada los cuales van a realizarles una evaluación e intervención adecuadas a cada situación.

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