Reserva Cognitiva

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Todos sabemos o deberíamos saber que el cerebro es uno de los órganos más importantes de nuestro organismo. Nuestro cerebro es el responsable de las funciones superiores que nos caracterizan como seres humanos como la consciencia, el lenguaje, el aprendizaje y la memoria. Nuestro cerebro además interpreta los señales enviados por el sistema nervioso y es una relación bidireccional ya que el cerebro también influye sobre el sistema nervioso. Además, gracias a nuestro cerebro podemos desarrollar y controlar nuestros sentidos como la vista, el oído, el olfato, el tacto y el sentido del equilibrio. Gracias a nuestro encéfalo podemos movernos, razonar, hablar, tener emociones, tener hambre, usar la memoria, resolver problemas, sentir placer, reconocer caras, etc.

Por todo ello, es importante mantener un cerebro sano. Efectivamente, podemos cuidar de nuestro cerebro y podemos protegerlo de la demencia. Existe una hipótesis sobre la reserva cognitiva que plantea que a mayores niveles de reserva cerebral (conservación de las estructuras cerebrales) y cognitiva tendremos un mejor funcionamiento de capacidades como la memoria y la atención en una situación de patología cerebral. Así pues, nuestro cerebro puede enfrentarse a daños existentes mostrando resiliencia y siguiendo funcionando adecuadamente. Es decir, aunque exista una demencia o alguna patología cerebral podemos aún conservar capacidades de gran importancia y lograr un correcto funcionamiento de éstas.

¿Qué entendemos con reserva cognitiva? El término incluye las capacidades y/o habilidades mentales previas a la patología como la inteligencia, la memoria, la planificación y resolución de problemas, el uso de estrategias, etc. Así, nuestro cerebro puede resistirse a la demencia o a mantenerse funcional, como hemos dicho, en presencia de alguna patología, como por ejemplo el Alzheimer. De esta forma, con una buena reserva cognitiva, nuestro cerebro puede usar las estructuras -y sus recursos- dañadas y optimizar su desempeño con estrategias cognitivas alternativas o mediante el reclutamiento diferencial de redes neuronales. Para ello, sin embargo, no vale empezar a entrenar nuestro cerebro cuando ha aparecido ya la patología sino que debemos entrenarlo cuanto más años mejor. Es recomendable mantener un cerebro activo desde pequeños. Además, nuestro estilo de vida (hacer ejercicio, comer sano, no beber alcohol, fumar, ni tomar drogas, etc y participar en actividades sociales y intelectuales) influye directamente en nuestra reserva cognitiva. Un estilo de vida saludable puede aumentar nuestra reserva cognitiva.

Entonces, ¿cómo podemos entrenar nuestro cerebro para tener una buena reserva cognitiva? Evitando la pérdida de neuronas y ayudar a su regeneración. Una buena forma es ejercitar la memoria, nuestra atención, nuestras habilidades perceptivas y de cálculo con ejercicios que entrenen estas habilidades en concreto. Hay muchos programas divertidos y específicos para cada habilidad que podemos usar como herramienta para nuestro entrenamiento mental. Ademas, podemos realizar pasatiempos que no pasan de moda como hacer sudokus, crucigramas, etc. Y evidentemente, no podemos olvidarnos de la lectura ya que es clave para mantener nuestra mente activa, funcional y también va a ayudarnos a desarrollar nuestra imaginación.

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Funciones del sueño – Teorías

sleep-garfield¿Por qué dormimos?

He escrito un artículo sobre el sueño que podéis leer aquí: Importancia del sueño y ahora toca analizar las funciones del sueño. Sabemos cómo reacciona nuestro cuerpo cuando dormimos, se han hecho muchos estudios sobre el sueño y sabemos cómo reacciona también nuestro cerebro en las diferentes fases del sueño. Pero, ¿para qué sirve dormir, cuáles son las funciones del sueño? Todos los animales necesitan dormir así que se ha relacionado la función del sueño con la supervivencia de las especies. Sin embargo, esta cuestión aún es un misterio no resuelto y hay muchas teorías que vamos a explorar a continuación que intentan aportar un poco de luz sobre ello:

La teoría de la inactividad:
Esta teoría es una de las más antiguas, también se le puede llamar la teoría evolutiva o adaptativa y sugiere que el hecho de dormir, y estar así inactivos por la noche, nos ha servido para la supervivencia al mantenernos fuera de peligro en momentos que podríamos haber sido vulnerables. Por ejemplo, los animales que estaban quietos y parados de noche no tuvieron accidentes debido a su actividad durante la oscuridad de la noche, y no fueron asesinados por depredadores. Se dice que esta conducta estratégica derivó a lo que conocemos ahora como dormir. Aún así, los críticos de esta teoría argumentan que es más fácil mantenerse a salvo cuando estamos conscientes ya que así podemos reaccionar a una emergencia.

En la teoría de la conservación de la energía, se dice que como cuando dormimos se produce un descenso de la temperatura corporal y de las necesidades calóricas, la función principal del sueño es la de reducir la demanda y gasto de energía y que es una forma eficaz de mantener y utilizar la energía del individuo durante el día al preservarla por la noche. Muchos científicos relacionan esta teoría con la teoría de la inactividad.


Las
Teorías reparadoras defienden que dormir nos sirve para restaurar nuestro cuerpo de la actividad diaria y nos ayuda a recuperarnos. Hay muchas investigaciones sobre esto, con animales y humanos, y una de las más impactantes demuestra que los animales completamente deprivados de sueño pierden toda al función inmunológica y mueren un pocas semanas. Sabemos que durmiendo restauramos funciones muy importantes para nuestro cuerpo como por ejemplo la reparación de tejidos, la síntesis de proteínas, el crecimiento de músculo,etc. Por lo que hace a nuestro cerebro, dormir mejora la función cognitiva además de combatir el cansancio neurológico.

La teoría de la plasticidad cerebral es reciente y se basa en que el sueño se correlaciona con cambios en la organización y estructura cerebral llamados plasticidad cerebral. El sueño es crítico para los niños ya que juega un papel muy importante en el desarrollo cerebral, los niños duermen entre 13 y 14 horas diarias y la mitad de este tiempo es dedicado al sueño REM. La privación de sueño ha afectado a la capacidad de aprender o desarrollar diferentes tareas en gente que ha participado en estudios.