Enamorarse

Amor y cerebro 

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¿Existe el amor a primera vista?

Yo no lo llamaría amor a primera vista sino atracción a primera vista. Una persona puede atraernos especialmente no solamente por su físico sino también por la manera en cómo nada y se mueve y como habla.

Nuestro cerebro tarda pocos segundos en decidir si nos gusta alguien o no. No solamente románticamente sino si esa persona nos cae bien en general o no. Tiene poco que ver con lo que se dice y más con lo que se expresa. La mayor parte de los indicadores están relacionados con la comunicación no verbal y también decidimos en gran parte si alguien nos gusta o no a través de su tono de voz y velocidad del discurso.

La primera etapa del amor, antes que la atracción, es el deseo. Nuestras hormonas sexuales reaccionan de una forma determinada tanto en hombres (testosterona) como en mujeres (andrógenos y estrógenos).

El amor romántico sería la segunda fase.

En esta fase sentimos atracción en la que intervienen gran parte de neurotransmisores cerebrales. Durante la atracción sentimos que solo podemos pensar en esta persona y no nos la sacamos de la cabeza. En esta fase es cuando sentimos que nos enamoramos y que amamos a la persona. Durante esta fase se activan importantes circuitos cerebrales relacionados con el placer y la recompensa.

La adenalina (o norepinefrina) es uno de los neurotransmisores que más conocemos. Cuando sentimos que nos enamoramos la adrenalina tiene mucho que ver en cómo reaccionamos. Cuando empezamos a enamorarnos se activa nuestra respuesta al estrés. La adrenalina se encarga de subir nuestro ritmo cardíaco y a veces nos hace sudar o notar que tenemos la boca seca.

Los niveles de dopamina son altos en nuestro cerebro cuando nos enamoramos. Nos produce el mismo efecto cerebral que cuando tomamos una droga, por ejemplo la cocaína. Tenemos mucha energía, menos necesidad de dormir o comer y una atención más focalizada.

Y finalmente, la serotonina, que la conocemos como la hormona de la felicidad. En este caso, interviene en nuestro humor y nuestra sexualidad

La sensación de estar enamorado, por lo tanto, es debida o produce en nuestro cerebro una gran actividad de transmisiones hormonales y neuronales. Lo que significa que nuestro cerebro está alterado o con una actividad en estos neurotransmisores específicos de los que hemos hablado, diferente a cuando no nos sentimos enamorados. Si solamente una pequeña parte de la población mundial se enamorase, el enamoramiento sería considerado una enfermedad. Por el hecho que nuestro cerebro actúa diferente. Por suerte, todo el mundo nos enamoramos y no es nada extraño para nosotros.

Esta actividad cerebral causada por el enamoramiento, sin embargo, no puede durar siempre sin cesar. Por este motivo, solamente podemos estar enamorados durante un período de tiempo determinado que oscila entre meses y un año y medio. Dejar de estar enamorado o lo que se traduce por que estas hormonas dejen de realizar una actividad elevada en nuestro cerebro no significa que no queramos estar más con esa persona.

Durante el tiempo que hemos estado con esa persona, y hemos sentido esa atracción y reacciones fisiológicas nos da tiempo suficiente como para amarla y quererla aunque ya no sintamos esa actividad. Eso nos lleva a otra fase del amor, más profunda si cabe: el apego.

Por apego entendemos el sentimiento de seguridad que tenemos con una pareja a largo plazo. Es el vínculo que nos mantiene con nuestra pareja.

Hay diferentes estilos de apego romántico. En esta etapa también intervienen otros neurotransmisores.

La Oxitocina: además de posibilitar el orgasmo e intervenir en el parto y lactancia también está relacionada con lazos afectivos y con la creación de confianza entre personas. Esta hormona es esencial para nuestra estabilidad emocional y nos ayuda a combatir situaciones de estrés o ansiedad. Además, esta hormona ayuda a crear un vínculo de apego entre la madre y el bebé.

La vasopresina: también influye en los lazos afectivos y es importante para crear un lazo monogámico. Se libera después del acto sexual en los hombres. (así como la oxitocina tiene este mismo papel en las mujeres).

¿Por qué es importante el fitness?

El fitness se refiere a la salud física y el bienestar personal que se consigue mediante el ejercicio físico y una dieta sana adecuada.

Tenemos la idea que la gente que hace fitness son los que practican el culto al cuerpo, con mucho musculo y que participan en los típicos concursos de competición o belleza, pero el fitness no es solamente fuerza muscular y resistencia. Cualquier persona que busque para si misma un equilibrio, puede practicar fitness. Con el fitness se trabaja la flexibilidad y resistencia, el sistema cardiovascular, la agilidad y velocidad, el equilibrio, la fuerza y la constitución física. Debemos tener en cuenta diferentes parámetros que dependen de cada persona y adaptar el tipo de actividad que sus necesidades o intereses particulares requieran. Algunos preferirán ir a correr o en bicicleta, otros ir al gimnasio a hacer maquinas, otros asistir a clases de aerobic, baile o artes marciales, otros hacer yoga o pilates, otros excursiones, senderismo, etc, y todo esto engloba el fitness. Si aún no sabes qué te gusta más, prueba diferentes cosas, varia de actividad y seguro que encontrarás algo que te interese.

La actividad física diaria puede cambiarnos la vida a mejor. Andar una hora al día es muy importante además de dedicar unas 3 o 4 horas semanales a hacer ejercicio. ¿Cuáles son los cambios que podemos experimentar? El bienestar físico y emocional, el no estar tan agresivos, agobiados o estresados en nuestro día a día. Además, puede ayudarnos a prevenir o combatir enfermedades cardiovasculares, el colesterol alto, la osteoporosis, diabetes, algunos tipos de cáncer y la presión arterial alta.

fitness¿Pero además de prevenir enfermedades, en qué me ayuda el fitness?

Primeramente, nos vamos a sentir con mucha más energía y vitalidad, nos va a ayudar a estar más activos durante el día y va a enfortalecer nuestro sistema inmunológico. Recordad que el fitness engloba una dieta sana y no solamente el ejercicio físico. Una persona que haga ejercicio a diario pero que coma siempre en el McDonald’s no va a tener estos beneficios, la salud física está un 70% en lo que comemos y un 30% en la actividad física.

Por otro lado comer sano y ejercitarnos va a ayudar a quemar la grasa que nos sobre y a perder peso hasta estabilizarlo o a transformar nuestro cuerpo y hacerlo más fuerte y resistente. También va ayudarnos con los dolores de espalda al fortalecer los músculos abdominales y de la espalda y a tener un tronco fuerte lo cual mejorará nuestro equilibrio.

Pero es que además también es muy bueno para nuestro cerebro ya que mejora nuestras emociones y salud mental, experimentamos menos estrés y ansiedad, estamos más tranquilos y de mejor humor, es muy buen método para prevenir o combatir la depresión y estados emocionales apáticos, mejora nuestra cognición y nos ayuda a dormir mejor.

¿Pero cómo es que tiene todos estos beneficios, debe tener algún contra, no? Senzillamente requiere de un compromiso personal, de una motivación -de la que hablaremos más adelante en otra entrada- y de querer cambiar nuestro estilo de vida. Porqué esto es de por vida, aunque una vez se empieza ya se convierte en un hábito y las mejoras internas que notas y la mejora en tu cualidad de vida ya te motivarán después a seguir estas conductas, al final lo acabarás necesitando. Lo importante y más difícil es empezar y la preserverancia incial. Es clave no esperar a tener tiempo para hacer ejercicio o para comer bien sino hacer tiempo en nuestra rutina para ello y convertirlo en parte de tu agenda.

La riqueza real es la salud, no el oro ni la plata” ~Mahatma Gandhi.